Fui de las pocas mujeres que no tuvo antojos, más bien estuvo asqueada casi todo el embarazo; tanto que mi madre me amenazó con alimentarme por enema. No se llegó a ese extremo ya que cuando quise comer más de lo que quería termine arrojándolo todo, y como que me dejo algo tranquila después de eso.
Solo podía comer como Dios manda mi Ají de Gallina, mi comida favorita y quizás por eso era la única comida que pasaba. Y quizás porque no comía mucho mi barriga era pequeña, solo se me notaba si me miraban bien.
Y justo después de dar a luz mi hambre volvió con todo, ¡al punto de que mi mamá me controlaba!. Por suerte ya no como tanto, sino después me es díficil bajar esos kilos de más y no soy una chica que se ponen a hacer ejercicios si lo preguntan.
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